Una revisión de 45 estudios científicos documentó aumentos de hasta un 70% en la retención de humedad, una reducción del 53% en la erosión y un crecimiento del 29% en la biomasa microbiana
El uso de cultivos de cobertura y técnicas de mulching está transformando la manera en que los agricultores europeos cuidan la salud de sus suelos. Un reciente análisis publicado en la revista científica Frontiers in Sustainable Food Systems por un grupo de investigadores de la Universidad Educons, Serbia, evidencia que estas prácticas, propias de la agricultura regenerativa, aportan beneficios múltiples en la estructura, dinámica y fertilidad del suelo, claves para la sostenibilidad de la producción de alimentos.
El mulching o acolchado es una técnica utilizada en agricultura y jardinería que implica cubrir la superficie del suelo con materiales orgánicos —como hojas o compost— o sintéticos, con el objetivo de conservar la humedad, proteger contra la erosión, regular la temperatura y limitar el desarrollo de malezas.
Durante más de una década, la aplicación continua de estas estrategias en diversos sistemas agrícolas, desde huertos de almendros hasta viñedos y plantaciones de cacao, demostró su potencial para frenar la degradación del recurso suelo.
Según los autores, la mejora se observa tanto en la estabilidad física como en los procesos químicos y biológicos, lo que repercute directamente en la productividad y la resiliencia de los cultivos frente a eventos climáticos extremos.
Cultivos de cobertura: mejoras medibles en estructura y retención de agua
Uno de los datos más contundentes del estudio es el incremento de la porosidad y la capacidad de retención de agua en suelos gestionados con cultivos de cobertura y mulching. En los sistemas que incorporaron estas técnicas, la humedad del suelo aumentó entre un 50% y un 70%, mientras que la erosión se redujo hasta en un 53%. Los investigadores detallan que, tras diez años de aplicación, la capacidad del suelo para retener agua creció entre un 4% y un 7%, mejorando el acceso de las raíces a los nutrientes y reduciendo la vulnerabilidad ante sequías.
En el caso de los almendros y los cultivos de rotación como el algodón y el maíz, la presencia de raíces profundas favoreció la infiltración del agua y su almacenamiento en los primeros 30 centímetros del perfil del suelo. Además, el uso de mulching superficial ayudó a estabilizar el microclima del suelo, mantener la humedad y reducir los cambios bruscos de temperatura.
El equipo de la Universidad Educons destaca que el manejo integrado de cultivos de cobertura, acolchado y reducción de la labranza genera una estructura más robusta, con mayor estabilidad de agregados tanto en la superficie como en profundidad.










