El debate sobre el modelo de monocultivo forestal en Corrientes ha sumado un nuevo capítulo ambiental, técnico y político. El pasado 27 de mayo de 2026, el Tribunal Internacional de los Derechos de la Naturaleza emitió un veredicto final en el que calificó la actividad forestal de especies exóticas en la provincia de Corrientes como un ecocidio. Desde la perspectiva de este organismo civil, las grandes extensiones de árboles implantados atentan contra la biodiversidad y la sustentabilidad regional, bajo la premisa de que «los monocultivos de pino y eucaliptos no son bosques».
El ecocidio se define como el daño grave, masivo o prolongado a los ecosistemas, que afecta negativamente a la biodiversidad, el clima y la salud humana. Internacionalmente, se define como cualquier acto ilícito o arbitrario cometido a sabiendas de que existe una alta probabilidad de causar daños severos y duraderos al medio ambiente.
Esta resolución surge precisamente en un contexto de fuerte promoción pública, donde el Estado correntino viene anunciando inversiones industriales de escala histórica para el procesamiento de madera y producción de celulosa fluft. Frente a esta polarización entre las demandas de los sectores ecologistas y campesinos, y la expansión económica del sector, la ciencia forestal global ofrece un enfoque integrador que derriba el antagonismo superficial entre bosque nativo y bosque cultivado.
El Dr. Roberto Hosokawa, destacado académico de la Universidad Federal de Paraná (Brasil) y Doctor Honoris Causa de la Universidad Nacional de Misiones (UNaM), analizó oportunamente las leyes físicas y biológicas que sustentan la actividad, aportando una mirada superadora basada en décadas de modelación matemática y termodinámica global.
Por qué todo árbol cuenta
La base científica que esgrime el Dr. Hosokawa para respaldar la coexistencia de ambos sistemas se apoya en la Segunda Ley de la Termodinámica (la entropía), un área de investigación macrocósmica que le fue legada por su co-referente de doctorado en Alemania, el célebre científico rumano Michael Prodan (pionero en calcular los límites del crecimiento de la humanidad para las Naciones Unidas).
Para la humanidad, tanto los bosques naturales como los monocultivos son importantes, pues ambos forman parte del único proceso existente en el Planeta Tierra para revertir cualquier desequilibrio, y mantener con planificación un ambiente ecológico y económico a través de los árboles, sentenció Hosokawa.
El especialista explicó que tanto las masas nativas como las plantaciones comerciales resultan del proceso de la fotosíntesis, el cual actúa como el único mecanismo planetario capaz de capturar energía y mitigar el calentamiento global, la saturación de dióxido de carbono y el agotamiento de recursos.
Desde esta perspectiva macro, la famosa frase que el Prof. Prodan le transmitió en su juventud cobra total vigencia en el escenario correntino: En el equilibrio del ambiente económico y ecológico a través del bosque, sólo no valen árboles de plástico.
Funciones diferenciadas: preservación genética vs. eficiencia productiva
Para el académico, el error del debate recurrente radicaría en evaluar las plantaciones industriales bajo los mismos parámetros funcionales que un bosque nativo, cuando en realidad cumplen roles complementarios en el tejido de la biosfera:
Los bosques naturales (Preservación): Deben ser considerados fuentes intangibles de información y biodiversidad. «Deben ser preservados y tocados solamente para fines de investigación», detalló Hosokawa. Aquellos que se encuentren degradados deben ser recuperados con urgencia, ya sea para conformar reservas legales o para ser manejados exclusivamente hacia la obtención de maderas de alto valor agregado.
Las reforestaciones (Sustentabilidad económica y química): Los cultivos puros o mixtos operan como eficientes fábricas biológicas destinadas a la producción de madera, resinas, celulosa, energía y al almacenamiento masivo de carbono. «Ellos son sustentables si fueran instalados en estructuras de base forestal en rendimiento sostenido», acotó, desmitificando el concepto de que la producción planificada sea inherentemente destructiva.
La ordenación territorial guiada por la ciencia, no por la polémica
Lejos de convalidar visiones alarmistas ambientales o posiciones corporativas extremas, el Dr. Hosokawa propuso como salida al conflicto entre el desarrollo industrial con monocultivos forestales y la protección ambiental que la misma «no se logra anulando la actividad, sino mediante una rigurosa gestión de ordenación forestal».
La propuesta técnica consiste en diseñar una zonificación espacial estricta que delimite con claridad las áreas urbanas, los polos industriales, las redes logísticas, los bosques naturales de preservación, los pastizales, los cultivos agrícolas y los macizos de producción forestal.
La proporción de cada espacio debe ser definida por la sociedad, en su ordenamiento territorial, pero basada firmemente en conocimientos técnicos y científicos bajo la coordinación de académicos multidisciplinarios», concluyó el profesor, dejando en claro que la forestación planificada, lejos de ser un ecocidio, es una aliada biológica indispensable para la supervivencia de la especie humana.
Las cifras de la investigación científica forestal
El marco teórico y los antecedentes que respaldan las conclusiones del Dr. Roberto Hosokawa se sintetizan en los siguientes datos de referencia académica:
Año 2001 (Vol. 31): Fecha y edición de la revista científica Floresta (ISSN 0015-3826) donde el investigador publicó por primera vez la fórmula matemática estadística orientada a calcular los efectos de la entropía en los sistemas vivos.
4ª Masa más significativa: La posición que ocupa el recurso boscoso global en el Planeta Tierra en términos de impacto macrocósmico, ubicándose inmediatamente después de la atmósfera, la hidrosfera y la litosfera, según los estudios físicos citados por el especialista.
2 Sistemas complementarios: El esquema de manejo integrado (Preservación permanente para nativos y rendimiento sostenido para bosques cultivados) requerido para equilibrar la economía regional con la estabilidad ecológica del NEA.











